Cuando el lector ha pasado la mitad del libro y experimenta el doble deseo de que las páginas no se acaben y que la historia no decaiga, es porque se consiguió calibrar la ficción en un registro en el que la perfección artística y el fiasco estético no fueron ni obsesión ni tormento. Eso ocurre con muy pocas obras, sobre todo cuando el escritor consigue trasponer lo anecdótico para enaltecer lo que hace verdaderamente mágica la materia narrativa cuando es puesta en valor. Eso sucede, en parte, con Sueños bárbaros de Rodrigo Núñez.jueves 28 de octubre de 2010
Sueños bárbaros. Rodrigo Núñez. Peisa, Lima, 2010. 460 pp.
Cuando el lector ha pasado la mitad del libro y experimenta el doble deseo de que las páginas no se acaben y que la historia no decaiga, es porque se consiguió calibrar la ficción en un registro en el que la perfección artística y el fiasco estético no fueron ni obsesión ni tormento. Eso ocurre con muy pocas obras, sobre todo cuando el escritor consigue trasponer lo anecdótico para enaltecer lo que hace verdaderamente mágica la materia narrativa cuando es puesta en valor. Eso sucede, en parte, con Sueños bárbaros de Rodrigo Núñez.
Publicado por
José Donayre Hoefken
Etiquetas:
Publicado en «Caretas» 2153 el 28/09/10,
pág. 23